Arquitectura como Arte

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La arquitectura pretende, desde el punto de vista del arte, trascender su función para crear un sentimiento estético generando lugares emocionantes que no dejen indiferentes a quienes los usan. Para esto, el arquitecto utiliza tres “herramientas” principales: el volumen, el espacio y la luz.

La definición del volumen arquitectónico es una tarea que implica una cierta intuición escultórica, aunque no necesariamente de una manera literal. La arquitectura pensada desde el volumen puede entenderse como un doble juego de relaciones: el externo, la relación del volumen con su entorno, y el interno, el de la relación entre los vacíos dentro del volumen.
Desde el momento en que se toma la decisión de colocar un volumen de una manera determinada en un lugar, esta acción genera una serie de espacios exteriores e interiores en relación entre sí y con el volumen. Los elementos de la configuración espacial como las dimensiones, la forma, la iluminación y los materiales determinarán las cualidades de esos espacios, que pueden ser dinámicos o estáticos, articulados o no, equilibrados, desequilibrados, universales o particulares, etcétera.
Por último, la luz es fundamental para definir las cualidades estéticas de un espacio por su manera de incidir en los planos que conforman los volúmenes arquitectónicos. El diseño de la iluminación es lo que revela la verdadera sensibilidad artística de la arquitectura.

Mediante estos tres elementos la arquitectura interpreta la realidad y necesidades de un lugar y unos usuarios concretos cristalizándolas en una obra construida con cualidades plásticas y artísticas.

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